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Salga de la encrucijada con ayuda de Dios

Salga de la encrucijada con ayuda de Dios

1. Lectura Bíblica: Salmos 46:10; Salmos 37:7

2. Meditación familiar:

Si algo llenó de desespero por muchos meses a David, fue el anuncio de su esposa— una noche calurosa recién habían terminado de cenar— de estar aburrida de la rutina y la posibilidad, que estudiaba constantemente, de divorciarse.

Puedo quedarme con los niños, si estás de acuerdo; de otra manera, te los entrego”, le dijo.

Esas pocas palabras le robaron la paz y en muchas ocasiones, caminando sin rumbo fijo por las principales avenidas de la ciudad, creyó que había llegado al final de su relación.

Intentó varias cosas: convencerla, presionarla, chantajearla y cuando descubrió que nada daba resultado, buscó a Dios.

Pasados algunos años puede asegurar que fue la mejor alternativa: Permitir que el Señor tomara control de la situación y le permitiera encontrar salidas al laberinto.

Probablemente le ha ocurrido, como a muchos de nosotros, que procuramos soluciones a los problemas en nuestras fuerzas y no en las de Dios. Tremendo error. Siempre pagamos las consecuencias de nuestra imprudencia.

El reconocido autor, Charles Stanley, escribió:

Solemos escuchar un popular llamado a la acción: “No te quedes ahí parado — ¡haz algo!” Pero hay un peligro inherente en esta manera de pensar, si tratamos de introducirla a la fuerza en nuestra vida espiritual. Muy comúnmente, ya sea que lo manifestemos o no, actuamos como si Dios necesitara nuestra ayuda. Luchamos con Él por cierto grado de control sobre nuestra vida. En efecto, orgullosamente afirmamos nuestra autoridad, y proclamamos: “Bueno, Señor, creo que esto es lo que Tú quieres que suceda, así que voy a trabajar, y a trabajar, y a trabajar, hasta lograrlo… El Padre celestial sabe que no podemos ayudarnos a nosotros mismos. Esa es precisamente la razón por la que envió a su Hijo a morir — porque éramos totalmente impotentes para mejorar nuestra condición pecaminosa (Romanos 5.8).Al mismo tiempo que busquemos hacer la voluntad de Dios, no debemos olvidar su llamado fundamental a la quietud delante de Él.” (Charles Stanley. “Elementos para la meditación en la Palabra”. Edición digital)

Es tiempo para que dejemos de luchar en nuestras fuerzas y apliquemos la recomendación de la Palabra de Dios: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46.10).

Cuando estamos quietos en su presencia y enfocados en Él, nos ponemos en la posición más dócil para aprender.

Es cierto que no es fácil, porque demanda de nuestra parte una alta dosis de confianza en nuestro Hacedor. No obstante, es necesario emprender ese camino.

Estar quietos. Lo afirma la Palabra una y otra vez: “Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. No te inquietes por la gente mala que prospera, ni te preocupes por sus perversas maquinaciones.” (Salmos 37.7. NTV)

Por favor, tome nota: NO se inquiete. Conserve la calma. Si involucramos a Dios en nuestra familia, en los planes y por supuesto, en los problemas, hallaremos salida oportuna y eficaz. Dios sabe responder como debe y en el momento que debe.

Si no le ha abierto las puertas de su corazón a Jesucristo como su Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Le aseguro que no se arrepentirá. Ábrale las puertas de su corazón a Cristo, hoy, ahora mismo. Es la vía para comenzar a crecer en lo personal y espiritual.

3. Oración familiar:

“Amado Dios, hoy queremos reconocer que en medio de las dificultades solemos buscar salidas a la crisis, acudiendo a muchas alternativas y que, en ese proceso, hemos perdido tiempo y generalmente hemos agravado las cosas. Reconocemos nuestro error y las consecuencias que ha desencadenado confiar en nuestras propias fuerzas. Hoy reconocemos que el único que puede ayudarnos eres Tú. Sometemos nuestra vida y nuestra familia en tus manos. Amén”

4. Una Meta familiar para hoy:

Buscaré a Dios en la meta que tengo de resolver los conflictos familiares que estoy enfrentando hoy.


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