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Enseñe a su familia cómo orar

Enseñe a su familia cómo orar

1. Lectura Bíblica: 1 Corintios 14.15

2. Meditación familiar:

¿Cómo logramos que nuestra familia se involucre en oración? Dándoles nosotros el ejemplo. Es esencial que lo hagamos. Y no solo para llegar al nivel de “cumplimiento”, es decir, sentir que nuestra conciencia está tranquila. Como cabeza de familia, debemos profundizar en esa búsqueda de Dios.

Cuando comenzamos a desarrollar intimidad con Dios, avanzamos significativamente en el proceso de orar y tener comunicación con Él. Es un nivel al que todos deseamos llegar. ¿Se logra rápidamente? El interrogante tiene dos respuestas: La primera que sí es posible, y la segunda, que esa posibilidad está ligada al grado de dependencia que desarrollamos de nuestro amado Padre celestial.

El apóstol Pablo, uno de los más grandes discipuladores y apóstoles de todos los tiempos, lo describe en la carta que dirige a los creyentes de Corinto: “¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.” (1 Corintios 14:15 )

Observe cuidadosamente que hay dos componentes en esta instrucción: La primera, orar en el espíritu— que es un diálogo directo con Dios— y la segunda, que orar en ese grado de intimidad con el Señor no nos exime de ser conscientes de lo que decimos.

El autor y evangelista del siglo pasado, R. A. Torrey, escribió: “La verdadera oración es oración en Espíritu, es decir, la oración que el Espíritu inspira y dirige. Cuando venimos ante la Presencia de Dios debemos reconocer “nuestra debilidad”, nuestra ignorancia de qué es lo que debemos pedir, o de cómo orar, y en la conciencia de nuestra total incapacidad para orar bien debemos buscar ayuda en el Espíritu Santo, entregarnos a Él por completo para que dirija nuestras oraciones, guíe nuestros deseos y nos lleve a expresarlos.” (R. A. Torrey. “Cómo orar”. Editorial Peniel. Argentina. 2006. Pg. 66)

El asunto parece complejo pero es muy sencillo. ¿Por qué razón? Porque hasta el momento hemos orado en un nivel básico pero es necesario adentrarnos en aguas profundas que se derivan de una intimidad con nuestro Supremo Hacedor. Y esa intimidad no se alcanza con unos cuantos minutos de oración, sino con Permanencia en Él.

Ahora, ¿aplica sólo a la persona? La respuesta es un categórico sí, pero además, si logramos dar ejemplo de oración, sin duda toda nuestra familia se verá impactada.

No podemos pretender que nuestro cónyuge pase tiempo en oración, si nosotros mismos descuidamos algo tan importante, un paso para estrechar la relación con Dios.

Y hablando de Dios, ¿ya recibió a Jesucristo en su corazón como su Señor y Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Prendidos de la mano de Dios emprendemos el maravilloso camino hacia el crecimiento personal y espiritual que tanto anhelamos.

3. Oración familiar:

“Dios, como cabeza de familia reconozco que no paso tiempo en oración como debiera, y que si deseo que mi hogar sea transformado y reine un ambiente de búsqueda de Tú Presencia, debo ser yo quien da el ejemplo. Ayúdame mi amado Señor a desarrollar intimidad contigo en oración cada día. Amén”

4. Una Meta familiar para hoy:

Brindaré a mi familia ejemplo sobre la importancia de orar


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