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Reconozca sus errores con la familia y dispóngase a cambiar

Reconozca sus errores con la familia y dispóngase a cambiar

1.- Lectura Bíblica: Salmos 19:12, 13

2.- Meditación familiar:

Tardó veinte años en reconocer su error. Lo hizo el día que le notificaron sobre la retención de su hijo. Chocó una moto contra el amplio ventanal de una cafetería. Tres personas resultaron heridas. El muchacho quedó bastante golpeado. Iba embriagado. La noche apenas caía sobre la ciudad. En su aturdimiento, no sabía qué le había ocurrido.

Ese día, camino de la estación policial, recordó la crianza. Nada buena para el jovencito. Volviendo atrás, como en una película, reflexionó que pudo estar más cerca de los problemas del hijo. Pero se negó.

No quería admitir la realidad de lo que le rodeaba. Tampoco el impacto que generaban los malos tratos a los que le sometió desde la niñez.

Admitió su culpa. Pudo haber cambiado a tiempo. Pero no lo hizo. Hasta que vio la gravedad del asunto. Y aunque parecía tarde, le pidió perdón. Lo hizo en la propia delegación policial. Sin importar cuántos curiosos estuvieran alrededor, apreciando la escena. Las circunstancias ameritaban que emprendiera un nuevo camino. Nada perdería con intentarlo.

Quien no admite sus errores, se estanca en el proceso de crecimiento espiritual y personal. Y si esa arrogante que le impide admitir que ha fallado, ocurre al interior de la familia, el asunto es todavía más grave.

Sólo quienes reconocen sus fallas a nivel personal y familiar, pueden emprender el camino para aplicar correctivos y dirigirse a nuevos senderos de cambio.

Un análisis sencillo a este hecho ineludible, lo hizo el rey David. El escribió “¿Quién se da cuenta de sus propios errores? ¡Perdona, Señor, mis faltas ocultas! Quítale el orgullo a tu siervo; no permitas que el orgullo me domine. Así seré un hombre sin tacha; estaré libre de gran pecado.” (Salmos 19:12, 13. Versión Popular “Dios habla hoy”).

No es nada nuevo. Se trata de una realidad que ha acompañado al hombre a través de la historia. Personas, que pese a incurrir en actos, palabras y gestos que atentan contra los demás, incluso contra su propia familia, nunca lo reconocen.

Pero hay una buena noticia: Podemos cambiar. Si nos disponemos, el primer paso es reconocer que fallamos y aplicar los correctivos. El segundo, pedir a Dios la fuerza necesaria para avanzar hacia ese cambio. ¡Animo! Usted puede…

Ah, pero si no ha dado el paso más importante que es recibir a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador, lo invito para que lo haga ahora mismo. Es una decisión de la que jamás se arrepentirá. ¡Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo ahora, hoy mismo!

3.- Oración familiar:

“Mi amado Dios y Padre celestial, reconocemos como familia que hay todavía muchas cosas que debemos cambiar, en nuestra forma de pensar y de actuar. Sabemos que en nuestras fuerzas no podremos lograrlo pero sí con tu poder porque nos ayudas en cada nuevo paso. Te pedimos que nos des la mano, nos concedas la sabiduría necesaria para reconocer y corregir errores y nos concedas la capacidad de perseverar cada nuevo día en este propósito. En tus manos quedamos. Amén”

4.- Una Meta familiar para hoy:

Evaluaré mi vida para identificar en qué he fallado a nivel familiar y con ayuda de Dios, me dispondré a cambiar. No estoy solo. Dios me ayuda en el proceso.


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