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Dios cuida de nuestras vidas y de la familia

Dios cuida de nuestras vidas y de la familia

1.- Lectura Bíblica : Job 10:12

2.- Meditación familiar :

Las noches se confundieron con los días en el pabellón frío, blanco y oloroso a medicamentos de la clínica en la que pasó varias semanas después de un accidente de tránsito que le tuvo al borde de la muerte.

Por algún tiempo estuvo inconsciente, y cuando volvió en sí, el dolor era insoportable. Con el paso de las horas disminuyó. Pero su estado apuntaba a agravarse con frecuencia. Aprendió a valorar cada instante. En fracciones de segundo su salud se deterioraba o bien superaba crisis que eran intensas. Siempre estuvo en el umbral que separa la vida de la muerte.

Aníbal pensó que jamás llegaría el momento en el que tendría enfrente al médico, con la sonrisa que siempre imaginó pero que fue diferente cuando llegó el momento, diciéndole que le daba de alta. Lo disfrutó. Entendió que quien salvó su vida fue Dios porque de acuerdo con los diagnósticos especializados, era inevitable su viaje a la eternidad...

Hace muchos siglos, al referirse al amoroso cuidado divino, alguien escribió: “Me diste vida, me favoreciste con tu amor, y tus cuidados me han infundido aliento” (Job 10:12. Nueva Versión Internacional).

Aun cuando no somos conscientes de ello, nuestro amado Señor está atento a nuestras necesidades. Como un Padre ama a su hijo, conoce las angustias, dificultades, estados de zozobra, temores y anhelos que nos rodean. Siempre está junto a nosotros. Somos quizá usted o yo quienes no lo hemos percibido porque cerramos el corazón a todo lo que no sea el disfrute y la satisfacción.

Como ocurrió en la historia de Aníbal, el Creador está presto a atender nuestras oraciones. Nos ama. Ese amor fue el que llevó al sacrificio del Señor Jesús en la cruz.

Cuando experimentemos la soledad, cuando los amigos nos abandonen, cuando todo lo material nos falte, cuando sintamos que nada tiene sentido y que no hay salida en el laberinto, recordemos que Dios nos ama y que escuchará nuestras oraciones. No estamos solos. El siempre ha estado y estará allí...

No podría despedirme sin antes invitarle para que traslade esta situación a su hogar: Allí en medio de las dificultades que quizá ha enfrentado, el Señor es, ha sido y seguirá siendo Su divino ayudador. No hay problema en el hogar que Dios no pueda resolver. Esa es la razón por la que debemos concederle el primer lugar en nuestra relación de pareja y con los hijos. Y si no ha recibido a Jesucristo, es hora de que lo haga. Su vida y la de su familia experimentarán cambios. ¡No se arrepentirá!

3.- Oración familiar:

“Amado Dios, si hay un error que cometemos con frecuencia como familia, es olvidar que siempre estás con nosotros, que jamás nos has dejado solos y sin duda, jamás nos abandonarás. Te damos gracias por ser nuestro amoroso Padre y, además, el Dios de la familia que nos cuida, ama y protege.”

4.- Una Meta familiar para hoy:

Hablaré a mi familia de la maravillosa experiencia de tener con nosotros a un Dios de poder que nos ayuda en todas las circunstancias y que ama a la familia.


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